En pleno año electoral, pronunció un discurso combativo para defender su gestión. Hizo eje en el ataque a la corrupción y se cruzó con la oposición. Anunció una suba anticipada de la Asignación Universal por Hijo.

En medio de una fuerte tensión con la oposición y cruces con legisladores que le gritaron desde las bancas, y a los que replicó, Mauricio Macri dejó este viernes inauguradas las sesiones ordinarias del Congreso.

El último discurso de su mandato ante la Asamblea Legislativa fue de fuerte confrontación con el kirchnerismo y pese a las malas noticias de la economía y la situación social, de defensa de su gestión. “Estamos mejor parados que hace tres años, creamos los cimientos y estamos listos para avanzar”, dijo el presidente en un mensaje de 59 minutos y que pareció anticipar el tono que tendrá la campaña oficialista, explotar la grieta y la polarización con los K.

Con tramos de arenga tratando de contagiar entusiasmo entre la propia tropa, que devolvió reiterados aplausos desde el tercio de bancas del hemiciclo que ocupa Cambiemos, Macri trató de justificar su intención de ser reelecto y la necesidad de más años.

“Sabemos que las transformaciones profundas llevan tiempo. Y no es casual que yo este acá. Si estoy liderando este camino de largo plazo es porque los argentinos decidimos avanzar”, expresó.

En una sesión caliente, su discurso fue interrumpido muchas veces, sobre todo desde la bancada del Frente para la Victoria donde consideraron una “provocación” las palabras del mandatario.

Pero toda la oposición, desde el Peronismo Federal al massismo y la izquierda, hizo fila para criticar duramente su mensaje “fuera de la realidad”, la exposición de “un mundo mágico”.

El único anuncio concreto del presidente, de cara al año electoral pero también frente a la crisis económica y la inflación desbordada que ha disparado nuevamente la pobreza, fue la decisión de aumentar a partir de este mes en un 46% la Asignación Universal por Hijo, que actualmente llega a 4 millones de beneficiarios.

Macri ingresó al Congreso minutos antes de las 11, donde fue recibido por una comisión de legisladores, y por los titulares del Senado, la vicepresidenta Gabriela Michetti, y de Diputados, Emilio Monzó, y por el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, que lo acompañaron por la alfombra roja hasta el recinto y se sentaron junto al presidente en el estrado.

Lejos del mensaje moderado del año pasado, la estrategia de Macri fue la misma que le ha rendido frutos electorales desde 2015, confrontar con los K, aludir a la herencia recibida y comparar -lo hizo varias veces- que “la Argentina está mejor parada que en 2015”.

En esa diferenciación, aseguró: “Hablo de un gobierno que respete los tiempos de la Justicia. Y todos debemos rendir cuentas, empresarios, políticos, periodistas y hasta la familia del presidente y el propio Presidente”. Lo dijo subiendo la voz para no ser tapado por los aplausos de sus legisladores que, en este año en que se discute su continuidad o no en el poder, se mostraron más encendidos.

Macri defendió el DNU que implantó por esa polémica vía la extinción de dominio, rechazado por la oposición aunque sigue vigente mientras no sea volteado por mayoría en ambas cámaras. “Queremos recuperar los bienes de la mafia, el narcotráfico y la corrupción. Y que cada quien que se oponga diga dónde está parado y a quién quiere proteger”, desafió.

Elisa Carrió se puso de pie para aplaudir y la siguieron todos en Cambiemos, mientras el kirchnerismo se revolvía en sus bancas. Cristina Kirchner -igual que el año pasado cuando inició su mandato como senadora- fue la gran ausente de la jornada.

“Se está acabando la impunidad, y en este sentido, también estamos mejor que en 2015”, insistió Macri, en medio de réplicas a viva voz desde el Frente para la Victoria.

En distintos momentos le gritaron “no te cree nadie” y “cipayo”, y Macri respondió fuera de libreto: “Sus insultos no hablan de mí, hablan de ustedes”. Agustín Rossi, jefe de la bancada K, reclamó airadamente por una barrita cambiemista que cantó desde la bandeja más alta “¡no vuelven más!”.

En otro párrafo, el presidente dijo que se había bajado la inflación -se refería a los dos primeros años de su gestión- lo que generó una reacción de hilaridad entre los kirchneristas, que con ironía se pararon para aplaudirlo.

En un episodio inesperado, logró ingresar al recinto e interrumpió al mandatario Joanna Picetti, la macrista que fue dada de baja de la lista de diputados por la Ciudad, luego de conocerse que tenía denuncias de abuso sexual a sus hijos.

Al parecer, para no generar un escándalo mayor, la seguridad no intervino y la mujer -que reclamaba ser diputada “electa”- se quedó parada hasta que terminó la sesión. Otra nota de color la dio la diputada Araceli Ferreyra, del Movimiento Evita, que puso una planta de marihuana sobre su banca para reclamar por el autocultivo de cannabis con fines medicinales.

En lo estrictamente legislativo, Macri pidió por la aprobación del nuevo Código Penal -proyecto aún no enviado, tratando de evitar que la discusión se centre en el artículo sobre el aborto- y de la Ley de Responsabilidad Penal Juvenil, que “es mucho más que la baja de un año en la edad de imputabilidad”.

En un año parlamentario que se anticipa muy áspero y de baja productividad, recordó los “consensos” que hubo para sacar leyes y desde una banca peronista alguien gritó “¡Miralo a Emilio!”, por Monzó, sentado a su lado con expresión adusta, quien fue gestor clave de los acuerdos parlamentarios y está de salida por disidencias con la Casa Rosada y su lugar en el Gobierno.

Macri ensayó también una explicación a la crisis, causada por “tres shocks imprevistos”, la salida de capitales, la sequía y la causa de los “cuadernos de las coimas”, que complicó la inversión.

Otro punto de discordia fueron sus críticas al apoyo de la gestión cristinista al régimen de Nicolás Maduro, y al memorando con Irán, que -según señaló- negoció “la impunidad” sobre el atentado a la AMIA.

Macri contrastó con el “respaldo internacional inédito” que le adjudicó a su gestión. Pareció que iba a llegar otra vez a las lágrimas cuando recordó la organización del G20, en noviembre. Terminó con un mensaje motivador, un “¡vamos argentinos!”. Apenas dejó el recinto la oposición sacó a criticarlo masivamente.