
Con 80 cuadras de fila, la familia decidió finalizar con la despedida pública del referente del rock en las primeras horas de este lunes. El velatorio en el Polideportivo Gatica se extendió por más de 18 horas en una movilización histórica.
Más de un millón de fanáticos se reunieron en las inmediaciones de Villa Domínico, partido de Avellaneda, para despedir al máximo referente del rock nacional, Carlos “el Indio” Solari, en lo que ya fue catalogado de forma unánime como «la última misa ricotera». El velatorio público marcó el adiós definitivo al músico, quien falleció el pasado viernes a los 77 años.
Según un comunicado del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, la despedida en el Polideportivo José María Gatica terminó oficialmente alrededor de las 4:30 de la madrugada de este lunes 8 de junio, tras un pedido explícito de la familia del músico para preservar la intimidad en el tramo final de los ritos fúnebres.
“Agradecemos a la multitud que se acercó para despedir a su ídolo, cuidándonos entre todos y garantizando una movilización en paz”, indicaba el escrito de la entidad provincial, que desplegó un operativo de, por lo menos, 1500 efectivos de seguridad.
Una marea humana
Si bien el ingreso estaba estipulado para las 11 de la mañana del domingo, las autoridades se vieron obligadas a abrir las puertas de la capilla ardiente a las 10 debido a la enorme presión de miles de fanáticos. Los seguidores, llegados desde todos los puntos cardinales de la Argentina, llegaron a formar una fila que superó las 80 cuadras de extensión, uniendo el predio de Avellaneda con el barrio porteño de Barracas.
Los cálculos oficiales dimensionan un fenómeno sin precedentes para el rock argentino y mundial. Se calcula que la convocatoria total que de más de un millón de personas; y se estima que, a lo largo de buena parte del domingo, pasaron 15 mil personas por hora frente al féretro del artista. Hubo 18 horas de vigilia ininterrumpida.
En el epicentro del dolor y la fidelidad ricotera, el cajón con los restos del músico descansaba sobre un atril, cubierto por una camiseta de la selección argentina y ubicado frente a una imponente gigantografía del artista.
Tras el cierre definitivo de las puertas del polideportivo durante la madrugada, la familia del artista, encabezada por su esposa Virginia Mones Ruiz, dispuso el inicio del cortejo de entierro de carácter estrictamente privado.
«Las despedidas son esos dolores dulces»
La organización del último adiós en el Microestadio Gatica -situado en el Parque de los Derechos del Trabajador- debió resolverse a contrarreloj tras la negativa del gobierno nacional de ceder las instalaciones del Congreso o de la Casa Rosada. Ante este escenario, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, intervino garantizando el espacio.
“Pusimos a disposición de la familia cualquier lugar de nuestro distrito”, aseguró el mandatario bonaerense en declaraciones televisivas. Remarcó además que desde su gestión se trabajó intensamente en el diseño de un megaoperativo de seguridad sanitaria y civil, asumiendo la responsabilidad de que un evento de esta magnitud «se pudiera hacer de la mejor manera posible», especialmente tratándose de una «comunidad tan grande» y pasional como la de los fieles del “Indio”.
Las banderas, las remeras, las lágrimas y los cantos que tronaron en Avellaneda resignificaron la propia poesía del ex líder de “Los Redondos”. Para el millón de almas que copó las calles, quedó claro que las despedidas son, efectivamente, esos dolores dulces.
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