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A medio siglo del horror, una multitud colmó la Plaza de Mayo en un grito de memoria y resistencia

A 50 años del golpe de Estado de 1976, los organismos de Derechos Humanos encabezaron una movilización masiva. Entre el reclamo histórico por los 30 mil desaparecidos y una fuerte denuncia al actual modelo económico y político, la jornada marcó un hito de participación popular.

La Plaza de Mayo volvió a ser el epicentro de la historia argentina. Al cumplirse 50 años del inicio de la última dictadura militar, una marea humana desbordó el centro porteño en una jornada que, lejos de ser un mero ejercicio de nostalgia, se transformó en un potente acto de contestación política frente al actual gobierno nacional que encabeza Javier Milei.

Bajo la consigna «La memoria se defiende luchando», miles de personas de todas las generaciones se movilizaron desde las primeras horas del domingo. Las columnas, que se extendieron por la Avenida de Mayo y las diagonales, confluyeron en una plaza que quedó chica para albergar el reclamo de «Memoria, verdad y justicia».

Un documento contra el «negacionismo» y el ajuste

El acto central, realizado a las 16:30 horas, tuvo como protagonistas a las figuras emblemáticas de la lucha por los Derechos Humanos, Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo; Taty Almeida, de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora; y el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.

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Desde el escenario, la lectura del documento consensuado fue contundente. Los organismos no solo recordaron el horror del terrorismo de Estado, sino que denunciaron un «retroceso» en las políticas públicas actuales.

Se señaló el desmantelamiento de áreas clave como la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad y el Banco Nacional de Datos Genéticos. Además, dejaron en claro que la cifra de desaparecidos no se negocia. Y ante la postura oficial que relativiza el alcance de la represión, la Plaza de Mayo respondió al unísono: «Son 30 mil y fue genocidio».

Los oradores vincularon el plan económico de 1976, basado en la desindustrialización y la apertura de importaciones, con las medidas actuales del gobierno libertario, al que acusaron de intentar convertir al país en una «colonia».

«No olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos. La desaparición forzada no es tema del pasado, sino del presente», sentenciaron desde el estrado.

La jornada contó con un fuerte respaldo del arco opositor. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, denunció una «batalla cultural contra la historia argentina» por parte del oficialismo. Por su parte, el Frente Renovador marchó con Sergio Massa; mientras que La Cámpora realizó su tradicional caminata desde la ex ESMA.

Uno de los momentos más comentados ocurrió en el barrio de Constitución, cuando la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner saludó a los militantes desde su balcón, entregándoles una bandera con la leyenda «Memoria, verdad y justicia», que fue escoltada hasta la Plaza como un trofeo de guerra simbólico.

Una herencia intergeneracional

Lo más destacado de este 50 aniversario fue la composición de la marcha. Entre los pañuelos blancos y las fotos de los desaparecidos, se observaron miles de jóvenes que no vivieron la dictadura pero que han adoptado el «Nunca más» como una identidad propia.

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Al caer la tarde, ya cerca de las 18 horas, la desconcentración fue lenta y pacífica. Las pancartas con los rostros de quienes aún faltan quedaron colgadas en las rejas de la Pirámide de Mayo, como recordatorio de una pregunta que, medio siglo después, sigue esperando respuesta: ¿Dónde están?

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