
El 2 de septiembre, fecha en que se conmemora el Día de la Industria en la Argentina, encuentra al sector manufacturero atravesando una de sus coyunturas más críticas y regresivas de su historia reciente. Lejos de ser una jornada de celebración, el escenario actual invita a una profunda reflexión sobre el modelo económico en curso. Con una caída generalizada en los niveles de actividad, una capacidad ociosa alarmante, miles de puestos de trabajo destruidos y una apertura comercial sin planificación, la política económica implementada por la gestión de Javier Milei consolida un claro sesgo antiindustrial.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina, los datos del primer semestre de 2026 exponen un panorama de marcado deterioro. En el plano interanual, la industria acumula una contracción del 1,9%, brecha que se profundiza al contrastar con el promedio del modelo anterior, enero de 2022 a noviembre de 2023, período frente al cual registra un nivel de actividad 8,1% menor.
Por su parte, el Índice de Producción Industrial ratifica este diagnóstico sombrío: La producción cayó un 2,2% en la primera mitad del año en comparación con el mismo período de 2025 y se ubica un 10,2% por debajo del promedio de la era previa.
La consecuencia directa de este desplome se observa en las fábricas. En junio de 2026, la Utilización de la Capacidad Instalada se derrumbó al 59,1%. Esto significa que 4 de cada 10 máquinas en la industria argentina se encuentran hoy en desuso, un guarismo que está 9,5 puntos porcentuales por debajo de junio de 2023. Salvo contadas excepciones, como refinación de petróleo, con +5,2%, y productos alimenticios y bebidas, con +0,3%, todos los sectores sufrieron caídas drásticas, destacándose el colapso en la metalmecánica excluida la industria automotriz, con -30,9%, y en los productos minerales no metálicos, con -30,4%.
Este combo recesivo golpeó de lleno al empleo y a la trama empresaria: Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026 se destruyeron 97 mil 312 puestos de trabajo registrados en unidades productivas industriales, un -8,0%; y desaparecieron 4020 industrias manufactureras, un -8,1%. A nivel internacional, el desempeño industrial argentino bajo la administración actual se ubica entre los peores del planeta, acumulando una baja del 7,9% entre 2023 y 2025 que la posiciona como el segundo peor resultado entre 56 economías globales, solo superada por Hungría.
Apertura no planificada y un aluvión histórico de importaciones
Mientras las plantas productivas apagan sus motores, las fronteras comerciales se abren de par en par. El 2026 se encamina a registrar el acumulado de importaciones de bienes de consumo final más elevado de la historia.
Entre enero y junio, el ingreso de estos bienes escaló a 5362 millones de dólares, consolidando el peor récord de la serie. En el acumulado móvil de los últimos 12 meses, la cifra trepó a los 11 mil 496 millones de dólares.
El impacto de este aluvión está fuertemente concentrado: Solo 10 actividades económicas explicaron el 84,7 por ciento del total de las importaciones de bienes de consumo en el primer semestre. Los incrementos más brutales en la comparación con 2023 se dieron en:
- Electrodomésticos, baterías y lámparas: +109,2%
- Prendas de vestir: +86,3%
- Motos, bicicletas, yates y otros equipos de transporte: +67,6%
- Productos alimenticios: +51,9%
- Farmacéuticos: +27,0%
En conjunto, estos 5 rubros absorbieron casi la mitad -45,5%- de las importaciones de bienes finales que ingresaron al país, dinamitando los mercados internos de sectores clave. Esta crisis se traduce cotidianamente en suspensiones, cierres de plantas y paradas técnicas que ya afectan a los rubros metalúrgico, textil, transporte, papelero, de materiales de construcción y químico.
Un andamiaje de políticas públicas de sesgo antiindustrial
La debacle no es producto del azar, sino la consecuencia lógica de un conjunto de medidas que configuran una hoja de ruta adversa para la producción nacional:
- Tarifazos energéticos: Sensibles incrementos en las tarifas de luz y gas que ahogan a talleres y pequeñas industrias
- Desguace normativo: Derogación de la Ley de Compre Nacional y del PRODEPRO, privando al Estado de herramientas de fomento y de Aportes No Reembolsables para sectores estratégicos
- Apertura arancelaria y desregulación: Eliminación de licencias automáticas y no automáticas, sumada a la baja de aranceles para línea blanca, del 35% al 20% mediante el decreto 384/2024; neumáticos, del 35% al 16%; insumos plásticos, del 12,6% al 6%; y 29 bienes de capital, decreto 513/2025
- Debilitamiento de defensas comerciales: Modificaciones al régimen antidumping para poner topes a los derechos aplicados y acortar los plazos a un máximo de 18 meses
- Cero financiamiento productivo: Eliminación de los créditos subsidiados del Banco Nación y el BICE orientados a la inversión y sustitución de importaciones en pymes
- Desmantelamiento institucional: Intervención de organismos descentralizados, el cierre de la Secretaría Pyme en agosto de 2025 -dejando sin asistencia específica al 98% de las firmas del país- y los intentos de desguace del INTI, mediante decreto 462/2025, que redundaron en la pérdida de 854 trabajadores y en la consecuente merma en la transferencia de tecnología y control de calidad.
- Ajuste presupuestario feroz: Caídas reales drásticas en la ejecución a julio de 2026 de instituciones fundamentales como la Secretaría de Industria y Desarrollo Productivo, con -77,3%; el Instituto Nacional del Agua, con -64,5%; el INTI, con -49,9%; y el INTA, con -21,4%, entre otros
Conclusión: Defender la industria es defender el futuro
La industria manufacturera no es un sector más de la economía: Representa alrededor del 18% del PBI, concentra cerca de la mitad de la inversión empresarial en investigación y desarrollo, y genera 2,5 millones de empleos directos con salarios y condiciones por encima de la media nacional, posicionando a la Argentina por encima del promedio histórico de América Latina y el Caribe.
En este 2 de septiembre, el contraste entre la centralidad histórica de la industria y la crudeza del modelo económico actual marca una urgencia ineludible. Sin una rectificación profunda de rumbo que proteja el entramado productivo, promueva el valor agregado nacional y resguarde el mercado interno frente a la voracidad importadora, el Día de la Industria seguirá conmemorándose sobre los lineamientos de una silenciosa y acelerada desindustrialización.
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