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El modelo económico muestra su verdadera cara: Fate cierra su planta de Virreyes y despide a 920 trabajadores

En lo que representa un golpe demoledor para la industria nacional y el empleo bonaerense, Fate, la emblemática planta fabricante de neumáticos, anunció el cese inmediato de sus operaciones. La decisión, que deja en la calle a 920 trabajadores de su planta en Virreyes, San Fernando, se presenta como una muestra grave del daño de un modelo económico que parece haber sentenciado a muerte a la producción con valor agregado.

La empresa, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, no dejó lugar a dudas: No habrá concurso preventivo ni planes de salvataje. Se trata de una liquidación total de activos, un «persianazo» definitivo que pone fin a más de 80 años de historia industrial en Argentina.

El comunicado de la compañía y fuentes cercanas a la dirección permiten trazar una línea directa entre las políticas de la actual gestión y el colapso de la firma. Los ejes del conflicto se resumen en una vulnerabilidad extrema frente al mercado externo y una asfixia interna.

Por un lado, la apertura comercial sin red de contención. La desregulación extrema permitió que, a mediados de 2025, el mercado local fuera inundado por un récord de 860 mil cubiertas chinas en un solo mes. Sin aranceles protectores ni políticas de defensa comercial, Fate se vio obligada a liquidar sus productos con una rebaja del 15 por ciento, trabajando a pérdida y destruyendo su capital de trabajo.

Paralelamente, mientras el gobierno de Javier Milei promueve la libre competencia, la estructura impositiva y el esquema cambiario siguen castigando al productor local. La combinación de una moneda apreciada para contener la inflación y la ausencia de reintegros a la exportación dejó a la planta de Virreyes fuera de mercado frente a competidores regionales.
La dirección de la firma señaló que producir en Argentina se volvió «significativamente más caro que importar», una sentencia que expone el fracaso de las promesas de competitividad bajo el actual esquema macroeconómico.

El cierre de la mayor planta de neumáticos del país -con capacidad para producir 5 millones de unidades anuales- no es un hecho aislado, sino el resultado de una «erosión sistemática» que la empresa venía denunciando desde mayo de 2024.

«Se liquida todo y se baja la persiana», afirmaron fuentes de la empresa, confirmando que el plan de salida incluye el pago de indemnizaciones conforme a la ley, pero dejando un vacío irrecuperable en el entramado productivo de San Fernando.

Mientras tanto, el empresario Javier Madanes Quintanilla ya ha definido su repliegue: Abandonará el complejo mercado de los neumáticos para refugiarse en la producción de aluminio a través de Aluar, un sector con una dinámica exportadora diferente, pero que también observa con cautela el rumbo de una economía que privilegia lo importado por sobre lo fabricado en casa.

Acción gremial

Esta mañana, desde la puerta de Fate, el secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino, Alejandro Crespo, explicó que al llegar, los empleados “se encontraron con las puertas cerradas bajo un cartel que lo que indica es que el dueño ha cerrado la fábrica y que cientos de trabajadores quedarán sin trabajo”.

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“Desde el sindicato estamos desde primera hora aquí en los portones e iniciaremos todas las acciones necesarias para que se reabra esta fábrica, para que todos los compañeros mantengan sus puestos de trabajo y para frenar esta injusticia enorme e ilegal, porque la fábrica tenía firmada incluso una cláusula de ningún despido”, agregó, y adelantí que que buscarán que “se modifique totalmente esta situación y que los compañeros, ante una situación tan grave a nivel social, económica en el país, estén de nuevo en su puesto de trabajo”.

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