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En el tradicional Tedeum y ante la mirada de Milei, García Cuerva plantó bandera contra la polarización y pidió “diálogo”

El tradicional Tedeum por el aniversario de la Revolución de Mayo en la Catedral Metropolitana dejó tela para cortar. En una homilía de fuerte contenido político y social, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, lanzó un llamado urgente a la reconciliación nacional y apuntó de manera directa contra la dirigencia actual, reclamando un freno definitivo a la grieta.

El presidente Javier Milei presenció el discurso tras haber caminado desde la Casa Rosada rodeado por su círculo de confianza. Luego de pasar por el Cabildo para entonar el himno nacional, el mandatario escuchó las duras metáforas de la Iglesia antes de regresar a Balcarce 50 para encabezar una reunión de gabinete marcada por el hermetismo y la tensión interna.

Los ejes centrales del reclamo eclesiástico

García Cuerva no se guardó nada y marcó una clara distancia entre el esfuerzo cotidiano de los ciudadanos y las decisiones del poder político. “Basta de arengar la polarización”, exigió, reclamando una clase dirigente que finalmente se anime al diálogo y al encuentro en favor de los sectores más vulnerables y golpeados por la falta de empleo y educación.

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Asimismo, el arzobispo alertó por fractura social, y advirtió sobre un «individualismo cruel» y el peligro del “sálvese quien pueda”, señalando que la sombra del desmembramiento de la Nación asoma cuando los intereses particulares ignoran las necesidades colectivas.

El representante de la Iglesia puso el foco en quienes quedan al borde del camino: Abuelos, niños, enfermos, personas con discapacidad, jóvenes en situación de adicción y trabajadores precarizados. «Terminamos siendo solo una suma de individuos en un mismo territorio donde cada uno piensa en sí mismo y en el propio bienestar», sentenció.

De los «escribas» a los «haters»: Dura crítica al ecosistema digital

Uno de los momentos más punzantes de la homilía fue la analogía que el líder religioso trazó entre los textos bíblicos y la actualidad de las redes sociales.

García Cuerva comparó a los antiguos escribas del Evangelio -a quienes describió como privilegiados instalados en su comodidad que solo miraban para criticar- con los «haters» de la actualidad. Denunció la existencia de un «terrorismo de las redes» basado en la difamación y la descalificación, el cual funciona como una violencia invisible capaz de bloquear a quienes intentan trabajar silenciosamente por la patria.

Para reforzar su postura, el arzobispo de Buenos Aires citó una exhortación papal de febrero de este año que insta a abandonar las palabras hirientes, las calumnias y los juicios inmediatos en todos los ámbitos de la vida pública y privada.

El termómetro político: Presencias, ausencias y detalles de pasillo

El evento también sirvió como un fiel reflejo de la interna y el reordenamiento del oficialismo. La jornada comenzó temprano en la Plaza de Mayo con el izamiento de la bandera, donde el presidente estuvo rodeado por su núcleo duro, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el ministro del Interior, Diego Santilli; y el canciller Pablo Quirno. Por su parte, la ministra Patricia Bullrich también asistió a la ceremonia litúrgica, aunque se ubicó de manera diferenciada debido a su rol como senadora nacional.

En los pasillos de la Catedral se disiparon algunas dudas y se confirmaron tensiones. A pesar de los rumores que indicaban que la agrupación “Las fuerzas del cielo” no participaría de los actos oficiales, finalmente se lo vio al asesor Santiago Caputo en el lugar.

Sin embargo, el dato político más fuerte de la jornada fue la gran ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien quedó completamente excluida de la lista oficial de invitados tras un prolongado distanciamiento con el mandatario, una decisión que desde su entorno atribuyen directamente a la organización de Karina Milei. El otro ausente, aunque con aviso médico, fue el ministro de Economía, Luis Caputo, afectado por un cuadro gripal severo.

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